Medios privados de Ecuador fueron cómplices de violaciones a DDHH en la década de los ochenta (+ Vídeo)

Los medios de comunicación privados del Ecuador son cómplices por silenciamiento de las violaciones a los derechos humanos en la década de los ochenta. Es la denuncia que realizan los sobrevivientes de los aparatos de represión gubernamental instaurada en ese país entre 1981 y 1988, período en el que estuvieron en la presidencia Oswaldo Hurtado –de la actual Democracia Cristiana– y el socialcristiano León Febres Cordero, reportó Andes, la agencia oficial.

Miguel Jarrín, hermano del máximo líder de Alfaro Vive Carajo (AVC) –Arturo– y miembro de esa misma organización, dijo que él y su grupo fueron perseguidos incluso mediáticamente. “Sufrimos esa persecución, esa difamación, esa malversación de parte de los medios de comunicación. Nuestras familias sufrían mucho cuando aparecíamos como asaltantes de bancos y delincuentes”, aseguró.

La investigación académica de François-Xavier Tinel sobre la resistencia en tiempos de Febres Cordero asegura que la prensa buscó cimentar y fortalecer ideológicamente un poder dominante, el de este mandatario ecuatoriano.

Analizar la actuación de los medios en aquella época requiere dividirla en dos períodos: entre 1983 y 1987, y desde el año 1987 hasta el fin del mandato de Febres Cordero. “En la etapa inicial del febrescorderato, de manera impúdica, los medios de comunicación apuntalan su candidatura (…). Recuerdo las páginas de indisimulada alegría por la victoria de León Febres Cordero en El Comercio y en la (revista) Vistazo”, dijo el defensor de Derechos Humanos, Alexis Ponce.

La segunda etapa estuvo marcada por una posición crítica, empiezan a señalar sus errores porque los crímenes eran demasiado escandalosos para ocultarlos, dijo Ponce.

Jaime Guevara, cantautor que vivió la tortura y la cárcel, aseguró que es innegable que una gran parte de la prensa respaldó las formas de gobernar de Febres Cordero. “Justificaban los apresamientos de aquellos ‘antisociales’. En la televisión pasaban como flashes aquello de ‘Basta de bestias’ –la frase de Jaime Nebot, que la acuñó el Gobierno para exhibir fotografías de los integrantes de AVC”, dijo Guevara.

Ante la imposibilidad de mediatizar sus puntos de vista, AVC retuvo a algunos periodistas para conversar con ellos y pedirles que lo difundan. “Eso siempre fue visto como un secuestro o las tomas a las radios donde se dejaban proclamas, todo fue visto como actos delincuenciales”, dijo Miguel Jarrín.

Lilian Vásconez, hermana de Hamet –otro asesinado de AVC– dijo que los medios ponían lo que ellos querían, los tildaron de asesinos, sin más. “No les reconocían ni como seres humanos”, aseguró.

Los medios de comunicación ubicaron a los militantes AVC en las páginas policiales y de crónica roja, obviando las motivaciones y el accionar político de la organización.

“Nuestros calumniadores cuentan con todos los medios de comunicación para alarmar al país, para acusarnos bárbaramente. ¿Será que a nosotros nos conceden la centésima parte del tiempo y los recursos que ellos usan para calumniarnos a fin de responder a estas mismas calumnias?, decía Arturo Jarrín.

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