Salafistas y radicales, ¿cómo benefician los intereses de EEUU y sus aliados?

El mundo de hoy, especialmente la región de Oriente Medio y el Norte de África, se enfrenta a una nueva y peligrosa amenaza que tiene su raíz en el surgimiento de movimientos y grupos radicales y extremistas. Uno de los factores fundamentales de los choques y enfrentamientos sangrientos en la región de Oriente Medio son las actividades y operaciones terroristas de los salafistas y los grupos takfiríes.

¿Quiénes son los salafistas? ¿Quiénes los patrocionan? ¿Por qué ha aumentado el volumen de actividades de los radicales? ¿A qué retos se enfrentarían las superpotencias, especialmente EE.UU., en caso de que el poder de los radicales salafistas aumente? ¿Qué persiguen los EE.UU. y sus aliados mediante el patrocinio de los salafistas y otros movimientos radicales?

El salafismo es un movimiento suní que reivindica el retorno a los orígenes del Islam, basado en el Corán y la Sunna (la tradición). Sin embargo, en la última década, bajo el liderazgo y la ayuda logística de Washigton y algunos Estados reaccionarios árabes como Arabia Saudí y Catar, este movimiento ha iniciado una ola de terror y asesinato contra los musulmanes chiíes y aparentemente contra el imperialismo.

En diciembre de 2006, 38 ulemas salafíes saudíes emitieron una declaración, donde además de expresar su preocupación por la caída de Bagdad, la consideraron un complot de los chiíes para debilitar a los suníes, algo que, por supuesto, aún no se ha probado. A partir de entonces, la presencia de este grupo, que intenta desestabilizar a los Gobiernos chiíes, se hizo más evidente que nunca.

Junto a los países árabes, las superpotencias también secundan a los takfiríes y los salafistas. En una visión general, EE.UU. siempre ha apoyado y patrocinado tales movimientos: Taliban, Frente Al-Nusra…, un apoyo que no solo no perjudica sus intereses estratégicos, sino que es un complot para empañar la imagen del Islam ante la opinión pública internacional, además de crear discrepancias entre los países musulmanes, y allanar así el terreno para mantener una presencia militar y económica en Oriente Medio y el Norte de África.

Después de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. expandió su poderío militar en el mundo y, sobre todo, en Asia Oriental, bajo el pretexto de neutralizar las amenazas del comunismo. Luego del colapso de la Unión Soviética y tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, creó otro pretexto para su ocupación en la rica y próspera región de Oriente Medio y el Norte de África, es decir, contrarrestar el peligro del terrorismo provocado por radicales y extremistas.

La exsecretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, en una entrevista concedida a Fox News, confesó que ‘cuando la Unión Soviética invadió Afganistán, tuvimos la brillante idea de ir a Paquistán y crear una fuerza de muyahidines o milicianos, los equipamos, les dimos misiles y todo lo demás, para que se enfrentaran a los soviéticos en Afganistán, tuvimos éxito. Los soviéticos se retiraron del pís centroasiático y dejamos a estos milicianos fanáticos entrenados y bien armados en Afganistán y Paquistán.’

Un ejemplo muy evidente del apoyo de EE.UU. y sus aliados al terrorismo mundial se aprecia en los enfrentamientos y disturbios en Siria y la presencia del Frente Al-Nusra, ya que a Washington le encantan el caos y la crisis que destruyan las infraestructuras y la capacidad de Oriente Medio, para dar continuidad a su intervención en esta zona. Cabe mencionar que el Gobierno del presidente Bashar Al-Asad, desde el inicio de la guerra contra Siria, en base a documentos que poseía, afirmó que la raíz de dichos eventos devastadores eran los mercenarios y grupos radicales organizados desde el exterior.

De hecho, EE.UU., mediante la instalación de bases permanentes en las fronteras de Siria con los territorios ocupados, amén de garantizar la seguridad del régimen israelí, divide a Siria en cuatro países pequeños de kurdos, suníes, alauitas y cristianos. Por lo tanto, la presencia de
los salafistas, como un enemigo simulado en Siria, es de primordial importancia para materializar estos objetivos. Se puede decir que el apoyo a los grupos extremistas y radicales es considerado como parte de la estrategia norteamericana para cambiar el Gobierno de Siria y afianzar su presencia en la región.

El peligro de los salafistas y los radicales, abusos de este pretexto

Los abusos cometidos no se limitaban al atentado contra las Torres Gemelas. El 11 de enero, Francia lanzó una guerra en Malí, con la excusa de frenar el avance de los hombres armados en ese país, y recibió un gran apoyo de EE.UU., España, Alemania, Bélgica, Canadá, Dinamarca y el Reino Unido.

Asimismo, cuando el Reino Unido y sus aliados se encontraban en la mira de las protestas antibelicistas, y su imagen dañada por la muerte de sus militares y los excesivos costos de las guerras de desgaste en Afganistán e Irak, surgió una noticia, con la que los políticos querían justificar sus hechos: un hombre asesinado y otras dos personas con heridas de diversas consideraciones, saldo de un ataque llevado a cabo en Londres, capital de Reino Unido. Los autores eran dos jóvenes armados con cuchillos, machetes y una pistola. En un primer análisis, el hecho resultaba algo casi normal, pero luego se produjeron una serie de sucesos extraños que revelaron el verdadero objetivo que escondía.

La víctima decapitada por los agresores ante los ojos de muchos testigos, era un efectivo de la policía. Además, los verdugos no solo no se retiraron de la escena del crimen, sino que se quedaron a la espera de que otros agentes del orden vinieran a detenerles. En el espacio de tiempo que tenían hasta la llegada de los policías, uno de ellos se acercó a una cámara que los grababa y gritó ‘Allh-o Akbar’ (Dios es el más grade), frase que emplean los fieles de la religión musulmana. No es un hecho para nada normal, y lo que en realidad escondía este tema era dañar la imagen de los musulmanes para, de esta forma, continuar con sus estrategias expansionistas.

Conclusión

La historia nos recuerda que recursos naturales como el petróleo, el oro y el gas, además de ser elementos estratégicos, son considerados prioritarios por las superpotencias, por lo que éstas no escatimarán en esfuerzos para conseguir sus objetivos, aunque sus planes podrían crear grandes desafíos para ellas mismas. Teniendo en cuenta la ausencia de una estructura y una incontrolable comandancia, es decir, los ya mencionados grupos radicales que solo buscan derramar la sangre de quienes están en contra de su tradición, un aumento de su poder, posibilitaría la ampliación de su presencia en El Líbano, Jordania y Arabia Saudí, algo considerado como una verdadera amenaza para el régimen de Israel.

De ahí que los intereses de este régimen estén vinculados a los Washington y sus aliados, el resultado del apoyo a los radicales, tarde o temprano, pondrá en peligro a sus propios patrocinadores.

Por Rasul Gudarzi

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